03 octubre 2013

Un día de trabajo

<3

Después de la pretemporada en Ezeiza, después de la postergación de lluvia del Domingo pasado, un día volvimos al Provincial. Papá de Milton ha debido ir al partido a la salida de la oficina así que entra al Mateo Calderón de saco y corbata. Dado que hemos ganado, Milton lo obligará a ir así a todo el Provincial.

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Recibimiento festivo al albo antes de que nos cagaran bien a baile. "Querían Provincial, esto es el Provincial", dice Tío Pumba. Hay que adaptarse o morir. Ahí hay una nota de preocupación, porque fácil pudimos estar tres goles abajo antes de los veinticinco minutos. Entre alguna que erraron, dos o tres que tapó Urigüen monumental y una que cuchareó Fabricio arando cuando era gol hecho Ferro de Alvear nos mandaba a la lona con cada piña que nos pegaba y nos pegó todo lo que quiso. Pero: no noqueó.

Lo mejor que nos podía pasar era que nos fuéramos al primer tiempo empatados y ver qué onda el segundo tiempo. Pero pasó algo mejor que eso: centro de Domínguez, Ferro de Alvear hace la coreo del choque aéreo entre compañeros y la pelota le cae vendida a Marito Ibarbangoitía que estaba donde había que estar para dar el pase a la red y Ferro LTA.

El Provincial es un Torneo donde hay que saber jugar, y hay que saber aguantar. Ayer el libreto nos marcaba eso. El albo salió mucho mejor parado en el segundo tiempo, y aprovechó la confusión y la depresión de Ferro. Tuvieron una que pasó cerca a los dos minutos y un poco se desmoralizaron, pensando: no la metemos más. Pero junto a eso el Albo recuperó patrullaje en el medio y ganó margen de maniobra arriba para tener más aire. Marito se tiene que ir golpeado, y es retirado con honores de goleador. Después una avivada de Wendy nos pudo dar el segundo que hubiera resuelto las cosas. Ferro movió el banco pero no había muchas cosas que cambiaran la ecuación del partido ahí parece.

Nuestro libreto vuelve a cambiar un poco a los 30, cuando un manotazo de trámite de Nacho Díaz es interpretado como codazo por el juez que le muestra la roja. Adaptamos acortando el equipo y Tío Pumba dice: así vamos a estar mejor, la diferencia no se va a notar. Y no se nota. Con mucho oficio y buena respuesta física el equipo aguanta y sigue movilizado, Ferro pelotea fastidiado.

El lío se nos armó con la expulsión de Fabricio, que mete un foul raspado y es sancionado con una roja muy dudosa en el juego que se estaba jugando. A la mierda, dice Milton. Dos menos es mucho menos. Ferro ahí tiene un corner y un avance y nosotros hacemos tiempo. Si lo expulsó no va a adicionar micho, piensa Milton, pero el juez pretende recuperar CUATRO, y el malpensado de Tío Pumba dice: el hijo de puta este va a terminar haciendo seis y se nos va a complicar. Pero no, el juez cumple su palabra como un caballero y da nomás cuatro, dos de los cuales los hemos pasado con posesión nuestra y demoras estratégicas, así que jodiendo jodiendo ganamos nomás el partido con nueve jugadores.

El triunfo es un triunfazo. Pedorro uno a cero, pero tres puntos y punta de la zona. Tenemos dos o tres bajas para el partidito del domingo, claro. Zafamos de una golpiza en el primer tiempo y del trauma que hubiera sigo ahogarnos tan cerca de la orilla si nos empataban al final. Con esto el equipo gana en seguridad y aplomo pero queda mucho. Pero es así: el más largo de los viajes empieza siempre con el primer paso.

Por empezar, ya en horitas nomás estamos jugándole a All Boys otra vez en su casa. Es el domingo a las 15.30 hs., el único clásico que vale la pena de ese día más allá del otro partidito de nuñez que es de poca relevancia y que va después. Allá iremos todos, Milton, Tío Pumba y Papá de Milton de saco y corbata que deberá mantener mientras sigamos siendo punteros.

Abrazos,

- Milton

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