El gol de ellos, a los 41 St.
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Qué hacer, qué se le va a hacer. Una mala suerte desesperante va a esconder en la estadística lo que el albo hizo en cancha en esta final: jugó muy bien, jugó un partido limpio, superó a un gran rival mientras el partido fue partido. Casi como lo habíamos imaginado, pero sin los goles.
Tuvo chances netas, cada diez minutos reloj, complicando a Doblas de una forma en que probablemente no lo haya hecho nadie. Pero cuando ocntamos las monedas del bolsillo eran siempre noventa y cinco centavos, faltándonos cinco para el peso: hubo un palo aquí, un travesaño allá, un mal pique que frustra una definición, otra que pasa cerquita.
El albo siguió jugando y yendo arriba, un poco más desprolijo, también en el segundo tiempo. Ya sobre el final, con el partido despelotado, desconchado y desculado, quedabamos dos por tres regaladísimos atrás y Doblas tuvo muchas chances para meterla, de las cuales desperdició casi todas, hasta que al final metió una.
Fue un partido muy lindo, hay que decirlo. Y el título que gana Doblas es irreprochable.
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SI juntás el pulgar con el índice, y después lo separás uno del otro con el tamaño que tiene una tecla de la computadora, eso es un poco.
Milton está un poco triste (así de ese poco) porque este equipo merecía ascender, por juego, por buenos tipos, por tener el técnico que más queremos y al que más podríamos querer.
Pero héroes igual, no vamos a llorar por nada, no jugamos a la escondida con la lástima, no nos vamos a hacernos fieles de la iglesia evangelista por perder un partido. Queríamos colgar un poster y no se colgó, punto.
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Me gustaría inventar algo más curioso, divertido, inspirador, emocionante o maldito para que nos levantemos el ánimo.
Podría hacerlo, no es que no se me ocurre nada. Pero a veces mueren las palabras, no hay más que levantarse, palmearse el hombro, tirarse una palangana de agua fría, descansar, tomar aire, mirar la camiseta y seguir.
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Si juntás las manos palma con palma, primero, y después las separás de forma que una quede al costado izquierdo del teclado, y la otra al costado derecho, eso es mucho. Así de grande es el corazón que les puedo mostrar, un poco herido por infartos de alegría y pena que nos dio el equipo, pero un corazón gordo, fibroso, romboidal y todo pintado de albinegro.
Y yo se que ustedes tienen un corazón así.
Abrazos.